dilluns, 28 de març del 2016

Amor, dar




Largo y estéril camino de desierto, eso es lo que me ha esperado en cada rotura de relación. Un páramo emocional, la desesperanza. Si soy honesto, honesto conmigo mismo, honesto conmigo mismo hasta el dolor, puedo llegar a entrever lo que más daño me ha hecho. Es, simplemente, perderme lo que satisface del amor: dar. Tendemos a confundir, quizá justamente, quien sabe, amar con recibir, con ser amados. Claro, que ser amados es importante. Pero el verdadero diamante que se esconde detrás de un acto de estima está hecho de ofrendas. Donde el amor se manifiesta en toda su brillante amplitud y riqueza es en el acto sencillo, puro, básico, de dar, de darse. Esto se pierde con cada muerte de pareja, y cuesta recuperarlo con otra persona. Hace falta tiempo para volver a sentir esa necesidad íntima de entregarse a alguien, de compartir con desinterés la cotidianidad franca, de apoyo, de estar y hacer. Hace falta tiempo porque todo amor tiene sujeto, que somos nosotros, pero el objeto, el ser sobre el cual depositamos la estima, debe venir, venir como una entidad escogida y señalada, dotada de una áurea de inevitabilidad, una pátina de predestinación, una niebla matinal de esperanza, tal vez un hálito divino, no lo sé. Sí sé que no siempre viene, o que al menos tarda. Eso es todo, tan sencillo: ¿a quién daré? Y sobre todo, cuando del allá.



Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada