dissabte, 19 de març del 2016

Caricias sin tacto




La caricia es una sensación de brisa en un atardecer de verano, de pisar una alfombra de hierba con pies descalzos, de levantar el cuello y cerrar los ojos bajo el chorro de una ducha vaporosa. Es una sensación de bienestar, de calidez, de estima. Se percibe en la piel, a la que estremece o relaja, o ambas cosas juntas o alternadas. Cuando pensamos en caricias pensamos en manos y epitelio, en un gesto táctil, en un contacto tierno, en el trasvase de calor de un cuerpo a otro. Siempre vemos el color de la carne, con todos sus matices de luz: nítida en un paseo por la calle, nebulosa en una mesa arrinconada de cafetería, dorada en la hipnótica beatitud de la playa, titilante frente a una chimenea invernal, visiblemente oscura dentro de la intimidad de las sábanas. Damos gracias al demiurgo por la materia y la posibilidad del roce, del tacto, de la unión. Damos gracias a la madre naturaleza por la tibieza placentera de los organismos en comunión. Damos gracias, en fin, a quien corresponda, por la sacra compañía de otra persona, este linimento para el alma que apacigua miedos y acicala vistosamente la soledad. Las caricias, sin embargo, no son sólo roce cutáneo, las yemas de los dedos que pasean con negligencia por una espalda sinusoidal. Son mucho más, tanto en calidad como en formas. Son la demostración de la atención y la consideración, de hacer saber a la persona amada que el afecto profesado es auténtico, que se la tiene presente mentalmente en la vida cotidiana, en la presencia y en la distancia. Y en referencia a las formas, hay las caricias orales, desde las más sencillas, un simple hola, hasta el glorioso cáliz del verbo: te amo. Hay las gestuales, que son infinitas, porque conllevan toda la inmensa comunicación no sostenida con palabras: una actitud, un signo, una sonrisa, una cortesía, un detalle, una mirada que transmite de corazón al otro que éste es el centro absoluto, un centro tan puro que por no tener no tiene ni periferia. Y finalmente hay las caricias escritas, antes los poemas, las cartas, las notas imprevistas, y ahora los e-mails, los chats, los likes, los emoticonos. También los posts, por la parte que me toca. Como este mismo, sentido, directo, el miramiento agradecido hacia ustedes, estimados lectores.

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